Paciente, amable, organizada

«Tú Profesora de Informática e Internet»

Es tremendamente satisfactorio comprobar en mis clases como mis alumnos, sobre todo los mayores, van venciendo sus miedos y se van permitiendo alcanzar sus metas. A veces tan sencillas y hermosas como el simple hecho de verse capacitados para aprender. Para ellos la posibilidad de poder llegar a relacionarse con su ordenador y conseguir todo aquello que se habían imaginado que este pueda hacer por ellos llega a convertirse en un logro inimaginable que celebran con evidente satisfacción. Es muy emocionante ver como llevan a la práctica los conocimientos que van adquiriendo. Todo un logro para ellos y del que una se siente orgullosa simplemente por ser partícipe.

Me gusta que las clases sean personalizadas, es decir, que dedico hora y media en exclusiva para cada alumno. De esta manera puedo elaborar un plan de enseñanza acorde a las necesidades y objetivos de cada uno de ellos. Donde, por supuesto, incluir un buen café o una buena infusión que rompa el hielo de la incertidumbre y nos permita hacer de la clase un momento relajado e incluso, por qué no, divertido y ameno.

El método es simple; demostrar coherencia y consistencia en lo que se enseña para que el alumno se sienta cómodo y distendido. De esta manera despliego una pedagogía que les permita deducir por si mismos las respuestas, las soluciones, a los problemas y enseñanzas planteadas. Se evita así la rutina y se abre la puerta a nuevas posibilidades y enseñanzas; lo que incrementa la posibilidad de añadir a las clases nuevos contenidos que permitan al alumno asimilar mejor los conocimientos que va adquiriendo.

A mis clases acuden personas de todas las edades y condiciones y eso me ha permitido desarrollar una didáctica acorde con las diferentes necesidades y objetivos que se plantean a la hora de acercarse a un ordenador: los niños, con curiosidad y entusiasmo; Los jóvenes, con ganas de incorporar las nuevas tecnologías a todos los soportes posibles y los mayores; con ese inevitable miedo y esa inevitable sensación de incapacidad. Pero, al mismo tiempo, con esa conmovedora necesidad por aprender y ansia por conocer, por estar al día, por ser uno más.

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